
Estoy cansada de este ser mediocre, sin porvenir y sin confianza en el porvenir, de este ser a la que tengo forzosamente que llamar «yo», puesto que no puedo separarme de ella. Me obsesiona con sus tristezas y sus penas; la veo sufrir y ni siquiera soy capaz de consolarla. Ciertamente soy mejor que ella, puedo hablar de ella como si se tratara de una extraña, pero no comprendo las razones que me hace su prisionera. Y lo más terrible, quizás, es que los demás no conocerán de mí más que a ese personaje en lucha con la vida. Ni siquiera puedo desear su muerte, ya que cuando muera, moriré yo con ella.
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